Historia

Bendición del Nuevo Templo


El día 5 de marzo, a las 19:30h, el señor Obispo Auxiliar, don Rafael González Moralejo, a quien se le disponsó claruso recibimiento al comienzo de la demarcación de la parroquia, bendijo solemnemente, aunque sin carácter oficial, el nuevo templo de la barriada de Marchalenes, dedicado a Santiago Apóstol. Fue asistido por el párroco y su capellán,  D. Vicente Ruix y D. Alfonso Bonafont, y ministrado por los párrocos de San Lázaro y San Dionisio, D. Vicente Morell y D. Juan Sanchis, y actuó de maestro de ceremonias el segundo titular de la Catedral, D. Juan Martínez Chiralt.

Asistieron el capitular, D. Benjamín Civera; arcipreste de los Santos Patronos, D. Vicente Benavent; párrocos de San Marcelino, Ntra. Sra. de la Esperanza y Ntra. Sra. de la Buen Guía, D. Vicente Ferrando, D. Francisco Calatayud y D. Vicente Castelló y otros varios sacerdotes; un grupo de niños y señoritas ataviadas con el traje regional y numerosos feligreses que llenaban plenamente la amplia explanada, donde está situado el templo.

Iniciada la ceremonia a las puertas del inmueble y dada la vuelta por el exterior a la fábrica, cuyas paredes fueron rociadas con agua bendita, el oficiante y demás sacerdotes, prosiguiendo la bendición, penetraron en el templo, seguidos de la plural asistencia que lo ocupó a rebosar.

Finalizada la ceremonia el señor Obispo dirigió sentidas palabras.

Dijo que había bendecido muy complacido en nombre del señor Arzobispo aquel nuevo templo que venia a sustituir las ruinas que de la iglesia anterior dejara la riada de octubre de 1957. Recordó aquellas aciagas y dramáticas horas de tanta desolación y estrago y las esforzadas y heroicas personas que, con el párroco a la cabeza, se lanzaron a auxiliar a los damnificados. Dedicó piadoso recuerdo a las víctimas que ofrendaron su vida en la dura prueba y dijo que ante tanta desolación el Estado tomo a su cuenta la restauración. Pasó luego a glosar el significado de la bendición que había realizado y de la Casa de Dios y dijo que aquel edificio, levantado por mano de hombre y con elementos materiales, era trono de Dios, donde Él operaba en las almas con su gracia y donde los fieles recibían su perdón y su paz. Se refirió al gran bien que era para los fieles la construcción de las demás piezas del complejo parroquial, uno de los mejores de la diócesis, en aquel paraje de Marchalenes, en el que iban surgiendo nuevos polígonos de viviendas que parecían residenciales. Felicito al señor cura y feligreses y terminó implorando la bendición del Altísimo sobre ellos, ampliada a los niños, ancianos y enfermos que no habían podido asistir.

Seguidamente importó su bendición.

El señor Obispo recibió el homenaje de devoción filial de los presentes, quienes le acompañaron hasta donde estaba su coche, tributándole cariñosa despedida.

Al día siguiente, a las 11h, después de consagrar el altar mayor y el de la capilla de la comunión, el señor Vicario General, ilustrísimo doctor don José Songel Pérez, celebró solemne Misa, ministrado por dos sacerdotes, operarios diocesanos, además del señor cura, reverendo don Vicente Ruix. Dirigió el ceremonial el primer maestro titular de la Metropolitana, reverendo señor don Carlos Piles, quien anteriormente dirigió el rito de la consagración de los dos altares.

Después del Evangelio, el reverendísimo oficiante glosó el texto del día, e hizo algunas aplicaciones en orden a su gratitud al Señor, a cuyo servicio quedaban llamados especialmente para su propia santificación cuantos le escuchaban, a quienes felicitó, así como al señor cura.